20 Oct HERMANDAD
LA HERMANDAD NO SE HEREDA, SE CONSTRUYE
Reflexiones desde la Biografía Humana – Isabel de la Mata
La posibilidad de construir hermandad depende de que nuestros padres hayan sido capaces de atender nuestras necesidades individuales, sin etiquetarnos, sin asignarnos personajes predefinidos a cada hijo.
La madre como mediadora del vínculo
Conocemos a nuestros hermanos a través de las palabras de mamá:
— “Tu hermano es el revoltoso”
— “Tu hermana, la inteligente”
— “Él, el mimado”
Desde ahí, no los conocemos realmente a ellos, sino lo que mamá dijo de ellos. Así, las madres, muchas veces sin saberlo, dividimos, separamos y polarizamos.
Esta polarización es dolorosa. Mamá reparte roles opuestos, muchas veces para poder comprender mejor a cada hijo, desde su necesidad inconsciente de control:
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uno es el bueno, otro el rebelde
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uno el guapo, otro el feo
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uno el inteligente, otro el torpe
Esto no ocurre porque uno lo sea y el otro no: ocurre para que cada uno ocupe un lugar dentro del mapa emocional de mamá. Y así, los hijos nos convertimos en prisioneros de su forma de vernos.
Dividir para reinar
Cuando solo hay dos hermanos, esta polarización es aún más evidente.
Muchas veces, mamá nombra estos roles con una intención inconsciente de dividir la hermandad.
“Dividir para reinar”, decimos.
Pero esta dinámica destruye la posibilidad de intimidad emocional entre hermanos, porque instala competencia por lo más valioso: la mirada de mamá.
Y así, cada hijo siente que el otro fue más visto, más amado o más privilegiado. Lo que no se ve es que ambos sienten lo mismo.
Hijos únicos: otra forma de vínculo
Los hijos únicos no viven esta polarización, pero no por eso escapan del mandato emocional.
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No compiten, pero tampoco juegan ni comparten.
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No pelean migajas de amor, pero cargan solos con la misión de complacer a mamá para ser amados.
¿La cercanía de edad ayuda?
No necesariamente. La cercanía de edad no garantiza la cercanía emocional.
El vínculo entre hermanos siempre está mediatizado por mamá.
Si mamá instauró competencia, no hay diferencia de edad que lo compense.
La mirada de la Biografía Humana
Cuando logramos mirar nuestra infancia desde la Biografía Humana, podemos comprender:
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Qué lugar ocupamos
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Qué rol nos adjudicaron
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Qué herida se nos abrió
Y desde esa conciencia, es posible mirar a nuestros hermanos de verdad, no como rivales, sino como compañeros de viaje.
¿Y si hubiéramos sido criados con amor consciente?
Si quien nos materna hubiera instaurado el amor como base, la hermandad sería posible, más allá de la edad o los roles.
Habríamos crecido con intimidad emocional y no con competencia.
Pero muchas veces los roles se asignan incluso antes de nacer. Algunos hijos ya llegan etiquetados desde el vientre.
El reto: criar sin rotular
Solo desde la conciencia de los padres, y el compromiso de atender las necesidades individuales de cada hijo sin adjudicarles un personaje, será posible instaurar la hermandad.
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